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Pasos decisivos. Por Carlos Martínez Cava

09 de septiembre de 2017 -
3:33 min.

Que el llamado Estado de las Autonomías ha sido un fracaso es una evidencia incluso para quienes no lo advirtieron con el nacimiento del régimen del 78. El crecimiento de las desigualdades entre territorios, las diferentes tributaciones, impuestos, sistemas educativos o sanitarios junto con el cultivo de lo propio frente a la comunidad de destino que debía ser la Nación Española ha provocado una crisis que se ha evidenciado con el desafío nacionalista catalán.

 

Nada positivo cabía esperar de aquella contradicción evidente entre la “unidad indisoluble de España” y , al mismo tiempo, la aceptación de “nacionalidades” dentro de su seno sin distinguir ni definir una de otra.

 

Nada, sino el desastre, cabía esperar de ese doble vaciamiento de la Soberanía practicado por ese texto constitucional que hacia fuera –cediendo competencias hacia la UE- o hacia adentro –entregándolas sin techo alguno a las comunidades autónomas que se fueron creando de forma ahistórica- ha dejado el Estado como una cascara vacía.

 

En las actuales circunstancias de septiembre de 2017 donde -de una forma revolucionaria- un parlamento autonómico pretende someter a referéndum si se separa del resto de España urge dar una respuesta que preserve cuestiones esenciales como son : la Unidad de España y el Bien Común de todos los españoles.

 

Habrá quien considere que no va con él y estime que quien se quiera “ir” puede hacerlo. Habrá quien reaccione de forma airada y pretenda un juego de fuerza que obtendría dudosos frutos de futuro en cuanto a la preservación de la paz y la concordia entre los españoles. Ambas posturas las considero equivocadas.

 

España no nos pertenece. España es un legado milenario sobre el cual no podemos decidir y tenemos un deber de entregarlo mejorado a los que vendrán tras nosotros. No estamos únicamente en esta corta vida para consumir y ver pasar los años . Nacemos dentro de una comunidad y tenemos el deber de darle un destino atractivo.

 

Por ese motivo cualquier acto ya sea de abandono como de fuerza entre españoles no puede tener acogida positiva salvo que obedezca a un fin extremo y de ultimo recurso para preservar el continente mismo que nos da sentido.

 

Hay quienes llevan postulando la practica del artículo 155 de la Constitucion sobre Cataluña. Ningún partido, por graves que hayan sido los hechos hasta hoy, ha querido desarrollar legislativamente tal posibilidad del texto del 78. Tampoco creo que, en las actuales circunstancias fuese la mejor solución (por más que llame la atención esta afirmación mía en quienes conocen mi trayecto ideologico vital).

 

Ante una afrenta revolucionaria solo caben dos opciones: o rendirse ante ella por carencia de instrumentos para dominarla o hacerle frente con todas las garantías. En el caso del separatismo catalán no estamos ante una mera propuesta aprobada en un parlamento más. Lo dispuesto el pasado 6 de septiembre de 2017 supone toda una declaración de ruptura con el Estado de Derecho pero se ha de considerar que existe una mitad de esa población que no está por esa actitud. Una mitad del pueblo catalán está representada por partidos políticos que no son secesionistas. Y que ese 6 de septiembre abandonaron el parlamento antes que dar voz y participación a la culminación de un acto ilegal.

 

Nunca he aceptado la tesis de que esa otra mitad silenciosa “no dice nada” o “no sale a la calle”. Si en una democracia la razón la tienen los que más individuos aglutinan en las calles, eso no es una democracia, estamos ante otra forma política donde al adversario no se le da legitimidad siquiera para existir.

 

Por ello y tras la dejación de este Estado vacío durante décadas, urge preservar no sólo la integridad territorial sino trasladar el sentir de que ese “estado español” no va a liquidar ninguna identidad ni particularidad étnica o cultural. Por esos motivos mi propuesta pasa por la detención e ingreso en prisión inmediata e incomunicada de todos los responsables políticos nacionalistas implicados en que la votación en el Parlamento catalán el 6 de septiembre de 2017 tuviera lugar, llegando incluso a la totalidad de los miembros de ese gobierno autonómico. Se dejaría intacta la autonomía y su funcionamiento, se nombraría un gobierno provisional formado por todas las fuerzas políticas representadas y se daría un plazo para convocar nuevas elecciones.

 

No puede haber nadie fuera de la Ley. Ese es el mensaje a trasladar con toda su firmeza. Sin negociación ni paños calientes.

 

España no aguanta más esta forma de Estado privado de su Soberania. Pero eso se ha de solucionar colectivamente embarcando a todos los españoles en un nuevo proyecto político que tenga como fin la recuperación de su libertad entendida como capacidad para crear justicia social y respeto por la dignidad de las personas.

 

El 6 de septiembre de 2017 se escuchaba en ese parlamento catalán una canción de odio y enfrentamiento:

 

¡Echad mano de la hoz!/

¡Echad mano de la hoz, en defensa de la tierra!/

¡Echad mano de la hoz!/

¡Llegó la hora, segadores!/

¡Hora es ya de estar alerta,/

y para el próximo junio/

de templar las herramientas!/

(estribillo)

¡Que tiemblen los enemigos/

al ondear de la enseña:/

como las espigas de oro/

así caerán las cadenas!/

 

Nunca mas sangre y enfrentamiento entre españoles. Que aquellos que nos dejaron en la ya lejana contienda civil del 36 sean los últimos.

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Carlos Martínez Cava

Abogado laboralista. Autor del Ensayo: “España defendida”. Polemista y Analista político

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