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¿Quién soy yo para decirle a otra mujer lo que debe hacer o no con su cuerpo, con su ética y con sus principios?

17 de junio de 2017 -
6:50 min.

El debate sobre la Gestación Subrogada está sobre la mesa. Y como casi todo lo que concierne con cuestiones que merecen un análisis en profundidad, está generando grandes discusiones. Algunas han pasado ya las líneas del respeto, de la reflexión y de lo que debería ser un análisis instructivo por parte de los colectivos que, o bien defienden su regulación, o bien su prohibición absoluta.

La Gestación Subrogada no está contemplada a día de hoy en España. Sin embargo, hay miles de niños que nacen otros países y que llegan cada año, nacidos de esta manera. Su situación legal es complicada, puesto que la ley no les reconoce de facto como hijos de quienes aquí son sus padres.

Sin necesidad de entrar ahora en los detalles del hecho en sí, la realidad exige una regulación que permita a estos menores estar perfectamente amparados legalmente y evitar que sus familias se vean inmersas en vericuetos burocráticos para poder regularizar su situación en el que es su país.

La Gestación Subrogada supone el acuerdo entre dos partes a través del cual una mujer sana, que haya tenido hijos previamente sin problemas de salud, en una situación económica viable y en uso de sus plenas facultades mentales acuerda gestar el que será el hijo de otras personas, que por motivos de diferente índole no pueden engendrarlo. Así es, en términos amplios, la Gestación Subrogada.

Allí donde está regulada, el proceso requiere que este acuerdo sea en todo momento gratuito y que la razón no sea la económica. Sin embargo, esta condición no significa que la restante deba correr con todos los gastos que pueda producirle la gestación. Así, los padres del bebé deberán hacerse cargo de todo lo que pueda ocasionar: médicos, medicinas, y cualquier cuestión que se acuerde que siempre sea destinada para el bienestar de la gestante, y por supuesto, la del bebé.

Hay países en los que este tipo de prácticas abren la puerta a la explotación más absoluta de las mujeres: se las recluye durante los nueve meses que supone la gestación, y en demasiados casos no se siguen las más mínimas precauciones ni cautelas para garantizar su bienestar, su libertad y, sobre todo, su absoluta capacidad de elección.

Es evidente que esta segunda opción no es fruto de un acuerdo libre entre ambas partes, sino una manera de explotar y someter a mujeres simplemente por su capacidad de gestar. Y por supuesto han de establecerse todos los mecanismos necesarios para terminar con estas terribles prácticas. Hablaríamos aquí del concepto "vientres de alquiler", aunque en realidad, tampoco sería correcto, puesto que quienes mercadean con los úteros ni siquiera son las mujeres propiamente, sino unas terceras personas que hacen negocio a costa de usar los cuerpos de aquéllas. Explotación en toda regla. Punible y perseguible al igual que lo es la explotación sexual en las redes de trata de blancas.

La falta de leyes que la regulen, precisamente, perpetuarán que sigan produciéndose abusos en otros lugares

 Sin embargo, la opción regulada, controlada que permite la Gestación Subrogada ofrece garantías para que el acuerdo entre ambas partes se dé sin ningún tipo de abusos. De manera segura, controlada en todo momento por profesionales, así como por los Estados que así las contemplan en su regulación como una forma de reproducción asistida. Porque en términos absolutos esto es lo que es: una reproducción que se lleva a cabo gracias a la intervención de otra persona y de los profesionales que garantizan un adecuado seguimiento.

Comprendo perfectamente el asombro, hasta escándalo que pueda suponerle a mucha gente este planteamiento. Porque no es lo "natural", esto es: la madre es la que te parió. Y no se hable más. Así es como comúnmente se entiende el proceso de gestación. Sin embargo, sabemos que existen casos en los que las madres biológicas no pueden o no quieren atender a los bebés al nacer y por distintas razones los entregan en adopción. Una triste situación que afortunadamente permite darle a estos niños una familia. O así debería ser, si no tuviéramos una burocracia lenta, agonizante, que permite que muchísimos niños pasen demasiado tiempo esperando a ser recibidos por una familia. Un sistema que prefiere tener a estos menores en centros generando situaciones francamente duras que supondrán problemas en la mayoría de los casos, para la correcta evolución de estas personas.

Por eso, cuando algunas personas critican la elección de la Gestación Subrogada para tener hijos, apelando a la adopción, me parece preciso señalar: en primer lugar, que la adopción es una decisión libre que no es la elegida por muchos padres por distintas razones; entre ellas, el largo proceso que supone la espera y lo que esto dificulta poder criar a un niño desde su infancia; además, los requisitos para la adopción no siempre hacen posible que muchas personas puedan cuidarlos. En algunos casos, siendo demasiado limitantes. Son muchas las razones por las que la adopción no supone la alternativa para un gran número de personas que quieren tener hijos.

 

La ciencia permite a día de hoy facilitar la descendencia: las técnicas de reproducción asistida, en su llegada, supusieron también discusiones, debates éticos de profundo calado. Y afortunadamente, desde mi opinión, hoy se han aceptado de manera perfectamente natural. Tener hijos a través de ayuda científica como puede ser ayudándose de métodos como la inseminación artificial, la opción de la donación de óvulos o de esperma, han supuesto una solución muy factible para miles de personas que deseaban ser padres y madres.

 

Del mismo modo que existe libertad para donar óvulos o esperma, creo que debería plantearse la opción de querer ayudar poniendo a disposición tu propio cuerpo para generar vida. Siempre y cuando, insisto, la decisión sea libre, altruista y decidida.

Sé que al leer esto, muchos pensarán que en realidad esto es imposible. Que nadie haría semejante cosa de manera gratuita; que parir un hijo de otro sería una aberración. Entiendo este planteamiento. Porque como en las cosas más complicadas, hay que verse en situación para poder pensar y reflexionar con honestidad.

Desde mi punto de vista regular supone proteger: evitar que puedan darse abusos, controlar una práctica que de facto se produce y, que, por falta de opciones en nuestro país, hace que muchísimas personas deban acudir a otros lugares donde sea posible hacerlo. Esto genera desprotección, casos de incertidumbre legal para los menores, esfuerzos ingentes para los padres. Y yo me pregunto: ¿cuándo el caso es evidentemente de una paternidad/maternidad deseada, cuando lo único -nada más y nada menos- que se ansía es tener un hijo, qué tiene de malo que pueda desarrollarse con la ayuda de otra persona? ¿Quién soy yo para decirle a otra mujer lo que debe hacer o no con su cuerpo, con su ética y con sus principios?

Me parece lamentable leer a mujeres que se definen como "feministas" considerando que estas mujeres que deciden libremente y con un enorme gesto de generosidad y solidaridad (porque las hay, créanme, que he hablado con alguna de ellas y existen), son "vasijas". Sí, mujeres que critican a otras por hacer algo que, desde mi punto de vista, merecería el máximo respeto por lo que supone. Y reducirlo todo al dinero, señoras y señores, es falaz. Para algunas personas no es el dinero lo que les hace querer ayudar a otros. Precisamente una madre puede comprender lo importante que es para otra el hecho de poderlo ser. Si se dan todas las garantías, la gratuidad, la salubridad, la libertad: ¿quién soy yo para meterme a llamar "vasija" a nadie? Me parece muy triste leer los argumentos agresivos, dañinos y moralistas de aquéllas que hace poco gritaban aquello de "mi cuerpo es mío".

Me choca pensar que estas "feministas" hayan defendido (desde mi punto de vista acertadamente) la libertad sobre nuestro cuerpo para poder abortar; y sin embargo no tengamos libertad para generar una vida tan deseada y que será tan cuidada y tan querida, puesto que es el hijo de unos padres que están dispuestos a lo que sea necesario para serlo. Estas familias quieren que la ley ampare estos procesos: por garantías para la gestante y, sobre todo, para el menor. Porque en términos legales deben ahora mismo hacer cabriolas de "adopciones" para poder legalizar su situación. Y en muchos casos, esto les está resultando también imposible.

La opción regulada, controlada que permite la Gestación Subrogada ofrece garantías para que el acuerdo entre ambas partes se dé sin ningún tipo de abusos

Tener que adoptar a tu propio hijo, que en la mayoría de los casos lo es porque lleva tus genes, resulta una evidencia de la necesidad que tenemos de que las leyes se adapten a los tiempos en que vivimos. Porque la Gestación Subrogada debería plantearse como una alternativa posible entre personas que quieren ayudarse para traer una vida al mundo.

A parte quedan los abusos, como en todo, que siempre habrá que perseguir, con dureza, para eliminar cualquier tipo de abuso o explotación a un ser humano. Sin lugar a dudas. Yo ruego que no se mezclen los asuntos porque nada tienen que ver.

Conozco casos, en primera persona, de mujeres que se ofrecen a personas muy cercanas (amigas, familiares) y lo hacen con tanto amor que deja sin palabras. Conozco padres (homosexuales) que han tenido sus hijos gracias a la colaboración de mujeres que les han alumbrado. Las historias que me cuentan emocionan por la enorme generosidad, la tremenda humanidad y el respeto absoluto hacia todo lo que debería ser cuidado por todos.

Las mujeres que eligen en libertad no son vasijas. Todo lo contrario. Son personas a las que, por su compromiso y valentía bien merecerían, al menos, el respeto más profundo. Empezando por las que se consideran "feministas" que, principalmente, son las que les machacan.

Regulemos para proteger, para garantizar y, sobre todo, para delimitar claramente los criterios necesarios que impidan cualquier tipo de abuso. Para eso se pide establecer las pautas para una Gestación subrogada. Y la falta de leyes que la regulen, precisamente, perpetuarán que sigan produciéndose abusos en otros lugares, porque seguirán siendo el reducto por el que se cuelen los que quieren mirar a otro lado. Pasando de la realidad y de quienes de corazón quieren hacer las cosas bien.

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Beatriz Talegón

Aunque nació en Madrid, creció en Guadalajara, donde estudió piano, y se licenció en Derecho por la Universidad de Alcalá de Henares. Alcanzó notoriedad pública en febrero de 2013 por criticar a los líderes socialistas en una reunión de la Internacional Socialista celebrada en un lujoso hotel de Cascais (Portugal) a la que asistían delegados de un centenar de partidos de todo el mundo. 

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