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El Pazo de Meirás y la FNFF aterran a la izquierda: increíble pero cierto. Por Francisco Torres

04 de agosto de 2017 -
7 min.

La izquierda y sus medios afines, el nuevo Frente Popular en el gobierno territorial o en la oposición, con su lobby de presión -preñado de amigos políticos-, que son las Asociaciones de Memoria Histórica, ayuna de propuestas, soluciones y esperanzas (lo de Pedro y Pablo las únicas esperanzas que alimenta son las de Rajoy), solo tienen en mente un nombre: Franco. Todos andan obsesionados con Franco -hasta los separatistas catalanes recurren a Franco para llamar al voto a la “consulta” de octubre que para más señas se celebrará el 1° de Octubre, Día del Caudillo (lo que no sé si se podría considerar exaltación del franquismo)-.

 

Todos ellos se han aprendido tres o cuatro argumentos muy elementales, rayanos en la simpleza, que repiten como loros en los medios y de palabra, sabiendo que nadie les levantará la voz y que nadie osará a cuestionar la veracidad de sus asertos. Cada semana suscitan -no parece que tengan otra cosa que decir en política- una polémica que agitan, con declaraciones amplificadas por las cadenas y medios amigos, para simular un inexistente clamor popular. La última, quizás cuando estás líneas vean la luz la penúltima, corre a cuenta del Pazo de Meirás -tema recurrente donde los haya- y la Fundación Nacional Francisco Franco.

 

“Media Galicia contra la Fundación Franco”, claman titulares teñidos de rojo.

En realidad una docena de políticos cortitos, no en estatura, junto con los tres o cuatro de la memoria de guardia y pare usted de contar; porque me imagino que los gallegos andarán preguntándose: ¿y no tienen nada mejor que hacer? ¿ese es el gran problema de Galicia, el Pazo de Meirás?

En realidad una docena de políticos cortitos, no en estatura, junto con los tres o cuatro de la memoria de guardia y pare usted de contar; porque me imagino que los gallegos andarán preguntándose: ¿y no tienen nada mejor que hacer? ¿ese es el gran problema de Galicia, el Pazo de Meirás?

 

¿Qué ha pasado? Pues que la Fundación Nacional Francisco Franco va a organizar las visitas a las que la ley obliga al Pazo de Meirás (cuatro al mes y cerrado en agosto) por ser Bien de Interés Cultural. Y hasta es posible que la Fundación amplíe el número de visitas y visitantes, para pasmo de los reclamantes. Y dice la citada FNFF que con ello va a fomentar el turismo en Galicia y en el pueblo que está el Pazo (lo que a juicio de los protestantes debe de ser muy malo para el lugar). Ante tamaño “dislate”, enfurecidos y temeroso, han saltado los del PSOE, las mareas, los rojillos de guardia y hasta la tía de uno que pasaba por allí exudando y vomitando bilis. Pero lo que no tiene desperdicio -de ahí lo de cortitos- son los argumentos esgrimidos: primero, que la FNFF organice unas visitas, a las que obliga la ley que ellos pidieron que se aplicase, a una propiedad de la familia Franco; segundo, que las visitas a la casa de Franco, que ellos obligan a que se realicen, serán apología de Franco; tercero, que es una vergüenza que en España se permita esto y que eso sería inimaginable en otros países. Vayamos por partes, porque todo esto lo único que hace es dejar en evidencia a los protestantes.

 

Recordemos: el Pazo de Meirás es una propiedad privada de la familia Franco en la que, naturalmente, uno puede encontrar recuerdos familiares de Franco, libros de Franco, fotos de Franco, pinturas de Franco, la silla en la que Franco se sentaba, la escopeta de Franco, la vajilla de Franco, un busto de Franco, etc, etc, etc. (lo que no van a encontrar son retratos de La Pasionaria, hoces y martillos, banderas republicanas y similares...). Pero el hecho más destacado es que fueron los mismos que hoy protestan los que exigieron que el Pazo se abriera a las visitas, y la Familia Franco que se negaba fue la que perdió en los tribunales quedando obligada a abrirlo a las visitas y correr con los gastos. Ahora los protestones de entonces -los políticos de izquierda, las mareas y los nacionalistas junto con las dos docenas que de vez en cuando hacen el tonto por allí- se quejan por las visitas que corresponde organizar a los dueños y no a ninguna institución oficial (hasta ayer también se quejaban de la institución oficial que las concedía por su falta de atención y sus criterios restrictivos). A nadie se le escapa que si la gente quiere ir a ver el Pazo (y bien hará la Fundación Nacional Francisco Franco en promocionar las visitas) es por visitar la que fuera residencia de verano de Francisco Franco y no porque antes fuera propiedad de doña Emilia Pardo Bazán. Que además uno se pueda llevar un recuerdo, un libro, una foto o un DVD pues mejor que mejor, porque nada es gratis y ni la FNFF ni la familia Franco reciben subvención alguna para realizar las visitas. Esto es precisamente lo que preocupa a los del Frente Popular ampliado, pletórico de chekistas perroflautistas, las visitas, porque antifranquistas me parecen que van a ir pocos. Por eso, supongo, difunden que las visitas a la casa de Franco, a la que ellos obligan, serán una exaltación de Franco y una acción antidemocrática, por lo que piden declaraciones de condena parlamentaria y similares. A decir memeces desde luego nadie les gana (dejemos a un lado lo de apóstoles del “negacionismo” de no sabemos qué o lo de que con estas visitas organizadas por la FNFF se socava la democracia, lo que raya en la demencia). Claro que siempre pueden acudir a los tribunales amparándose en su lectura -el problema es que algunos necesitan urgentemente volver a parvulitos- en las “leyes de memoria”, pidiendo que se declare ilegal que la Fundación Nacional Francisco Franco organice las visitas a la casa de Franco.

 

Dicen los “tontilocos” histórico-académico-periodista-memorietistas-antifranquistas (copio lo de “tontiloco” como concepto de análisis historiográfico del “conocido” historiador antifranquista Reig Tapia) que no puede existir una institución como la FNFF ni espacios como lo que entienden que será el Pazo de Meirás visitable. Repiten que en un país democrático como, por ejemplo, Italia sería inviable; que esto solo se da en España. Dejemos a un lado que, por más que se empeñen, Franco no puede ser comparado porque ganó una guerra, no la perdió; porque falleció en un hospital y millones de españoles expresaron públicamente su dolor y admiración (por cierto que la FNFF, ya puestos, podría exhumar fotografías de su puesta en marcha y del funeral oficial por Franco de 1976, por aquello de quiénes andaban por allí). Vayamos a una afirmación que saben que no es cierta.

 

De vez en cuando me dejo caer por Italia y te encuentras con que en cualquier puesto o tienda de recuerdos te puedes comprar desde un delantal con la imagen de Mussolini a cualquier tipo de busto o cosa insospechada (asciendan al Etna o al Vesubio y verán, por no mencionar que uno entra en un bar en Herculano y se encuentra con un póster de Mussolini). Es más, en algunos lugares las indicaciones para turistas ponen la flecha que te lleva a “La Casa del Fascio”, el equivalente de Mussolini a las Casas del Pueblo que son obra de un destacado arquitecto. Si uno se da una vueltecita por el EUR se encuentra con aquellos imperiales edificios llenos de referencias al DUCE. Si uno recorre la costa del sur de Italia los guías se pasan el día diciendo “esto lo construyó Mussolini” (claro que como los protestones de la memoria no deben ser muy leídos y/o viajados ignorarán que es el vesubiano). En el Palacio de los Oficios se encuentra el visitante con un Mussolini a caballo y brazo en alto. Y en el Foto Itálico un “Mussolini Dux” que te deja atónito. Rematando con que todos los años, en el gigantesco Monumento al soldado desconocido, se rinda homenaje a los caídos italianos en la guerra civil con presencia española y las banderas que parece se quieren perseguir con las leyes de memoria histórica... ¿No habíamos quedado que en ningún país democrático existían monumentos o referencias al dictador? Podríamos seguir pero creo que el argumento falaz se hunde por su peso, porque en muchas grandes ciudades de Italia quedan monumentos del fascismo en un país constitucionalmente antifascista pero que asume que el fascismo es una parte de su historia reciente.

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Volvamos al caso del Pazo de Meirás, casa de Franco, que se tiene que abrir por ley a las visitas, corriendo todo, organización y gastos, a cuenta de la familia Franco (cierto es que lo de respetar las leyes a la izquierda le suena a imperdonable fascismo si las leyes no les gustan), y comparemos. Supongamos que vamos a Predappio, el pueblo natal de Mussolini que usualmente tiene desde tiempo inmemorial alcalde socialista. Preguntamos: “¿Se puede visitar la tumba de Mussolini?”. Pues sí, y en ella hay flores, bustos, símbolos y brazos en alto del visitante (el Tribunal de Milán dictó hace poco una sentencia declarando que hacer el saludo fascista ni es delictivo ni ilegal). Después uno puede dirigirse con toda tranquilidad a visitar la casa de Mussolini y la cama donde nació. En el pueblo se puede comprar casi cualquier tipo de recuerdo de Mussolini y miles de personas lo visitan cada año (algunas hasta con camisa negra).

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Por si no fuera suficiente lo dicho en Forli está la Villa Carpena, el hogar familiar de Mussolini -un equivalente lejano al Pazo de Meirás-, que fuera propiedad de la familia Mussolini, hoy conocida como La casa dei ricordi (la casa de los recuerdos), abierta al público y llena de recuerdos de Mussolini. Las fotografías que acompañan este artículo son altamente reveladoras de qué encuentra el público en sus salas. ¿Qué podría encontrarse en la casa de Mussolini? Recuerdos de Mussolini claro.

 

Así pues, la familia Franco está en su derecho de gestionar las visitas como estime oportuno -es lo que dice la ley- y es lógico que la Fundación Nacional Francisco Franco, a la que la izquierda chekista y enloquecida anima a parar (¿estará incurriendo en un delito de amenazas e incitación al odio?), cuya presidencia ostenta la hija de Franco, que es la dueña legítima del lugar, organice unas visitas para las que no pide carné ni aval político alguno. Visitas que parecen aterrar a una izquierda partidaria de la censura y no de la libertad, pero es que así eran en un lejano 1936.

 

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