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El pueblo más despoblado de la Comunidad de Madrid está en la Sierra Norte: Robregordo

07 de agosto de 2017 -
3:29 min.

Así lo publicó CARLOS FRÍAS en El Mundo en la edición del pasado día 5:

Es el municipio que más población ha perdido en los últimos 20 años

Los 88 vecinos que tenía el pueblo en 1996 se han quedado en 45

No hay tiendas, ni farmacia y sólo una cafetería

«Aquí antes había de todo, ya no». A poco más de una hora del centro de Madrid se encuentra Robregordo, el municipio de la Comunidad que más población ha perdido en los últimos 20 años. En 1996, el pueblo contaba con 88 habitantes censados. Los últimos datos del padrón del Gobierno regional, de 2016, muestran que hoy en sus casas viven 45 vecinos. Prácticamente la mitad. A pesar de todo lo escrito en torno al éxodo rural, la región sólo cuenta con nueve localidades con pérdida de población durante las dos últimas décadas, lo que supone un total de 151 vecinos menos.

Cercado por la A-1 y por la carretera nacional, Robregordo se encuentra en el extremo norte del mapa de Madrid. Supone la última localidad antes de salir de las fronteras de la comunidad autónoma más céntrica de España. Con una población envejecida, sólo un puñado de vecinos se resisten a dejar el lugar donde pasaron su infancia.

 

 

En Robregordo hay una única cafetería, justo al lado del Ayuntamiento. La entidad local cedió la gestión a un particular hace un mes con la condición de que montase una pequeña tienda en su interior. Por lo demás, en el pueblo no hay nada. Ni bares, ni tiendas, ni supermercados, ni farmacias, ni estancos, ni bancos donde sacar dinero. Las únicas medicinas que se pueden encontrar las suministra un pequeño consultorio médico situado en la parte más alta del municipio. «Antes había un cuartel de la Guardia Civil y bomberos», dice la alcaldesa socialista, María Cano.

Ante la falta de suministros, todas las mañanas aparecen por las calles de Robregordo varias furgonetas vendiendo pan, pescado y verduras. Circulan haciendo sonar su claxon para llamar a los vecinos, estacionan en la plaza de Leonor González y venden sus productos. Todos los repartidores vienen de la localidad vecina de Buitrago del Lozoya, que hace de «fagotizador de servicios» para las localidades de alrededor. «¡Qué diferencias de unos pueblos a otros!», exclama una vecina en conversación con otra.

Los habitantes coinciden en afirmar que antaño Robregordo era «el municipio más rico» de la zona. Alejandro nació en 1927 y ha pasado toda su vida entre sus calles. «Aquí antes había 1.000 cabezas de ganado entre ovejas y cabras y casi 500 vacas», asegura. Ahora sólo dos vecinos poseen ganado. Otro motor del pueblo eran las huertas que estaban situadas a las afueras, hoy sustituidas por la carretera de Burgos.

Reflejo de esa riqueza es la estación de tren aledaña a las viviendas del pueblo. Construida en los años de la dictadura, está abandonada desde 2011 a causa de un desprendimiento en el túnel de Somosierra, pero en otro tiempo fue la salida para la línea 1 del tren de la capital, que se dirigía a Irún y Hendaya.

En Robregordo los inviernos son duros. Algunos vecinos hablan de nevadas «de hasta medio metro». En los bajos de las puertas de las casas se pueden ver refuerzos para evitar que el agua entre en los hogares. Los tejados, por lo general sin gran altura, tienen el color rojizo característico de la teja. Las pocas calles del municipio se cuentan con los dedos de las manos y las aceras no se prestan para pasear, a lo que tampoco acompañan las pendientes de la orografía.

Donde ahora está el ambulatorio, en su día había dos escuelas, ambas mixtas. Hoy se puede escuchar el ruido del cauce de un río que desciende por el margen izquierdo del pueblo. «Nosotros íbamos allí para hacer una poza y bañarnos. Ahora, como no hay niños, pues no va nadie», asevera Alejandro con cierto acento nostálgico.

A pesar de lo que se pueda pensar, algunas casas están perfectamente reformadas. Contrastan con las que no han sido modificadas en décadas, con las paredes desconchadas y sin pintar. Es el caso de la vivienda de Pablo Rodríguez. Tiene 62 años y se crió en el pueblo, en el número 56 de la Calle Real, pero ahora vive en el Barrio del Pilar, en Madrid capital. «Los que venimos los fines de semana o de vacaciones cuidamos nuestras viviendas. La mayoría pertenecen a nuestras familias desde hace varias generaciones», explica.

El Ayuntamiento de la localidad no se resigna al éxodo de sus habitantes. Hace cuatro meses, el Consistorio adquirió la concesión de la Residencia Los Robles, construida en 1987 y que albergó durante años una residencia femenina.

«Queremos reactivar la actividad económica de la zona», explica la alcaldesa. El futuro de Los Robles pasa por crear en sus instalaciones un centro deportivo que dé cobertura a toda la Sierra Norte. «El enfoque va a ser comarcal para albergar todas las actividades deportivas que se practican en esa parte de Madrid», explica Cano. Robregordo va a tener un crédito para este proyecto de 900.000 euros del Programa de Inversión Regional de la Comunidad, aunque «la gestión la harán empresas privadas», apunta la alcaldesa.

FUENTE EL MUNDO

 

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