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La mano para la discordia en El Madrigal. Por Diego Fierro Rodríguez

16 de marzo de 2017 -
1:34 min.

Un espectacular debate se ha creado por el penalti señalado por la mano de Bruno, jugador del Villarreal, en favor del Real Madrid, que terminó ganando el partido que se jugó en El Madrigal el pasado día 26 de febrero. El mismo ha generado, a su vez, discusiones relativas a debates que ya se consideraban concluidos.

 

Hay un problema claro de interpretación operativa de los hechos en relación con la labor arbitral en los partidos que debe resolverse. La circular número 3 del Comité Técnico de Árbitros dice que “El uso de las manos en el juego del fútbol es una conducta antideportiva que la regla contempla como infracción cuando estas son deliberadas y tienden a dañar los intereses del adversario” y que “No se considerará mano deliberada cuando un jugador toque el balón con la mano de forma accidental si el balón procede de un rebote de la pierna o del cuerpo del mismo jugador que lo disputa”. La norma no hace referencia alguna a rebotes procedentes de otros jugadores.

 

Al hacerse mención, únicamente, a los rebotes procedentes de propios jugadores habría que considerar que Bruno cometió una infracción y que el penalti fue correctamente señalado. Además, el movimiento del brazo no parece natural por traspasar los límites espaciales del cuerpo o por sobresalir.

 

Se está hablando ya, por el asunto de la mano de Bruno, de otros debates que ya se consideraban cerrados. Se han hecho análisis comparativos con la infracción que cometió Coentrao por tocar el balón con la mano de un modo estúpido hace algunos partidos y con la posible infracción cometida por Carvajal, que es difícil de apreciar directamente. También se está hablando ya de los diferentes tratos mediáticos que padecen los errores que favorecen al F.C. Barcelona y al Real Madrid, pareciendo menos graves los beneficiosos para el equipo catalán.

 

Cuestiones como las discusiones por errores arbitrales sirven, simplemente, para restar méritos a los éxitos del rival, perjudicando la competición de una manera tan imparable como los debates sobre los árbitros, cuyas equivocaciones pueden llegar a incidir en los campeonatos. De esa manera, se crea un clima de desconfianza y de minusvaloración de éxitos que termina perjudicando al espectáculo.

 

Hay que articular mecanismos para garantizar la calidad y facilitar, con los mejores profesionales, la labor arbitral, lográndose que los árbitros puedan ser independientes. Con buenos árbitros, habrá buenas competiciones.

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Diego Fierro

Licenciado en Derecho por la Universidad de Málaga y colaborador de diversos medios de comunicación

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