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"Regalame un sueño". Capítulo 7

17 de enero de 2017 -
4:57 min.

 

― ¿que tienes que hacer esta tarde? – dijo directo Joel.

― deshacer cajas y maletas – respondí con un mohín.

― entonces no se hable más, tomamos un café y desconectas un poco.

― vale. – no sabía que mas decir.

― ¿a qué hora te viene bien? – me preguntó.

― ¿a las seis? ¿Es buena hora?― dije.

― Perfecta – apuntó.

― pues a las seis entonces. ¿Y donde? No conozco apenas sitios aquí.

― si quieres a las seis aquí. En la puerta. Y ya vamos juntos a una cafetería.

En ese momento se escuchó la voz ronca del abuelo:

 ―¡Joel! ¡Nos vamos ya o que!

Los dos nos giramos a mirar a Ernesto que nos observaba con el mismo gesto enfadado que tenía desde que le había conocido. Empezaba a pensar que ese era su rictus habitual.

Volvimos a mirarnos y nos reímos a la vez. Que sonrisa tan bonita tenía.

― Bueno… creo que me tengo que marchar – dijo Joel alzando una ceja.

― Eso creo… ― respondí alzando las dos.

―Nos vemos luego May.

― a las 6 – apunté.

― a las 6― confirmó.

― hasta luego Joel.

 

Llegue a casa de trabajar bastante nerviosa y con un poco de jaqueca. La tensión acumulada estaba empezando a relajarse y se estaba manifestando en un dolor intenso de cabeza. Cuando entré Clara estaba tumbada en el sillón leyendo.

―Hola cariño – dije acercándome a ella y dándole un beso en la frente.

― Hola – respondió.

Bueno por lo menos me había respondido y no había sido demasiado borde.

― ¿Que tal la mañana? ¿Que has hecho?

Cerró el libro y se acomodó en el sillón dejándome un hueco para que yo me sentara. Parece que la cosa no iba tan mal.

― He ido a la biblioteca.

― ¿sí? ¿Y has cogido este libro?

― sí. Me lo ha recomendado una chica que estaba también allí. – dijo mirando la solapa del mismo.

― ¡ah que bien! Me alegro mucho de que hayas conocido a alguien – dije animada mientras situaba mi mano sobre su pierna. Gesto que aceptó con agrado.

― si bueno – sonrió alzando los hombros ― se llama Silvia y tiene la misma edad que yo.

― cuanto me alegro cariño.

― esta tarde vamos a dar una vuelta y me va a presentar a sus amigos.

Sentí alivio cuando la vi más animada que creo que hasta se me alivio un poco el dolor de cabeza.

Comimos juntas mientras le contaba mi primer día de trabajo. Vimos un poco la televisión después y aproveché para descansar un rato en el sillón. No se cuándo pero me quedé dormida. Me despertó Clara diciéndome que se marchaba ya con su amiga.

― ¡qué hora es! – pregunte exaltada incorporándome de un salto.

― las cinco y cuarto – susurró.

― Uff – dije algo aturdida por el despertar y mesándome el pelo – no tenía intención de dormirme.

― pues te has quedado dormida nada mas sentarnos – respondió Clara sonriendo.

― Cariño llévate tus llaves que luego voy a salir.― no le dije a donde porque tampoco creía que fuera el momento.

― vale, ya las había cogido.

Me despedí de ella desde el sillón, desperezándome un poco y pensando que solo tenía cuarenta y cinco minutos para ducharme y prepararme para tomar algo con Joel.

Ahora lo difícil era encontrar algo que ponerme. Hacia tanto tiempo que no quedaba con un chico que me sentía bastante nerviosa la verdad. Busqué entre aquel cataclismo que era ahora mi casa y me decidí por un vestido vaporoso rojo, de tirante fino y escote de pico. Me llegaba por encima de la rodilla, tenía la longitud perfecta, ni muy largo ni muy corto. Algo cómodo. Lo acompañe de unas sandalias planas y un recogido desenfadado.

Un poquito de rímel transparente y escaso gloss rosado era el único maquillaje que me acompañaría a la cita.

Eran las seis menos díez cuando estaba dando vueltas por el salón de mi casa, nerviosa porque la hora llegaba y no me atrevía a ir. Me retornaban a la cabeza los recuerdos de mi matrimonio, una relación que empezó siendo un cuento de hadas para mí.

Me enamore como una tonta de Ángel, mi compañero de instituto, y creo que el también de mi. No me arrepiento en absoluto de haber tenido lo mejor de mi vida junto a él, a mi hija Clara. Éramos muy jóvenes, eso es cierto, pero también esa juventud me estaba permitiendo disfrutar de ella en todos los sentidos y de alguna manera, entenderla mejor, aunque a veces se cerrara en banda ante mí y se convirtiera en tarea imposible.

Pero eso forma parte de la adolescencia y todos hemos pasado por esos cambios de humor, esa inconformidad con todos y con todo. Esa forma de pensar de que el mundo está contra ti y que nadie te entiende. Por eso entendía a Clara en su disconformidad cuando decidí aceptar el trabajo. La estaba alejando de su entorno y sus amistades, pero confiaba en que aquí nos fuera bien. 

 

Cuando supimos que estaba embarazada yo contaba solo con dieciocho años. Fué un shock porque no era buscado, pero tras una noche de amor , desenfreno y bastante alcohol, nos dejamos llevar pensando que por una vez no pasaría nada. Y ese nada se llama ahora Clara y tiene catorce años.

Llevabamos juntos un año. Nos conocimos en el instituto un par de años antes de terminar. Ángel había repetido primero de bachiller y reconozco que me gusto desde el primer día de clase. De primeras no tuvimos mucho contacto, yo era bastante vergonzosa y él apenas se juntaba con nadie del aula, solo con Ismael, otro repetidor.

Como a mitad de curso empezamos a hablar un poco, ya que nos pusieron juntos en un trabajo de matemáticas. Cuando el profesor dijo que nosotros seriamos pareja de trabajo no me atrevi ni a mirarle de la vergüenza que me dio. Observe de soslayo su expresión y vi un atisbo de sonrisa en él mientras me miraba.

El primer dia quedamos en la biblioteca para empezar el trabajo, pero Ángel me dijo que en allí era muy aburrido, que casi no se podía ni hablar. Que porque no quedábamos en algún parque. No pude negarme. Así que terminamos el trabajo en un banco de un parque cercano al instituto.

Esa fué nuestro primer contacto. Tras entregar el trabajo, que por cierto, aprobamos con notable, nuestra amistad se fué estrechando cada vez mas. Nos llevábamos muy bien ya no solo dentro de clase, si no que fuera también. Alguna tarde quedamos para estudiar, había fines de semana que coincidíamos en alguna discoteca ya que salíamos por la misma zona. Hasta que el curso terminó y nos despedimos hasta septiembre.

Pero aunque nos habíamos dicho adiós hasta dentro de dos meses, a los quince días de acabar el curso Ángel me llamo y me propuso quedar para ir a la piscina.

Me dio muchísima vergüenza mostrarme en bikini ante él, porque una cosa era estar en el instituto o tomando algo, y otra muy diferente era estar medio desnuda delante de él, porque no olvidemos que yo llevaba todo el curso muy atraída por Ángel.

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