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Sobre la barbarie de los aliados durante la II Guerra mundial. Por Javier Giral Palasí

12 de agosto de 2017 -
3:09 min.

Infinidad de películas y publicaciones se han ocupado de hacernos visualizar los horrores de la Alemania nacional-socialista durante la II Guerra Mundial, sin embargo estas no fueron las únicas atrocidades. A diferencia de nuestra guerra civil, donde los perdedores andan inmersos en ganar y reescribir la historia 80 años después, en esta ocasión sí se cumple el dicho de que “La historia la escriben los vencedores” que han escondido la parte más negativa que les afectaba. Veamos sólo algunos ejemplos.

 

  Para empezar, Alemania no era el único lugar dónde se propagaron las ideologías supremacistas y racistas, fomentadas con el darwinismo social. En EE.UU hacia 1935 se habían llevado a cabo 20.000 esterilizaciones, que continuaron después, con fines eugenésicos sobre personas consideradas como indeseables y biológicamente inferiores, en los que se trabajó para incluir también a “indigentes y vagabundos”, si bien no se alcanzó las 375.000 personas de Alemania el hecho es significativo. También en EE.UU hasta los años 60 permanecieron vigentes las leyes de segregación que mantenían apartada a la comunidad afroamericana de la vida social del país. Aunque hay que puntualizar que será tras la maquinaria de exterminio alemana en la II Guerra Mundial y los juicios de Núremberg, lo que haga empezar a tomar conciencia sobre las desigualdades jurídicas y los postulados racistas, y que hasta los nacionalistas vascos y catalanes en España tengan que disimular la raíz racista de su ideología.

 

 

Entre los peores crímenes de los aliados podemos hablar de la masiva violación que sufrieron las mujeres alemanas no sólo en manos de las tropas soviéticas sino también por las inglesas, francesas y americanas, suceso que oficialmente se silenció pero que siempre se ha conocido.

Entre los peores crímenes de los aliados podemos hablar de la masiva violación que sufrieron las mujeres alemanas no sólo en manos de las tropas soviéticas sino también por las inglesas, francesas y americanas, suceso que oficialmente se silenció pero que siempre se ha conocido. En 2015 la historiadora alemana Miriam Gebhardt cifraba en su estudio, recogido en el libro Cuando llegaron los soldados, en por lo menos 860.000 mujeres y niñas las que fueron violadas en toda Alemania. Mujeres que después se prostituyeron por una tableta de chocolate, junto a una población alemana que fue víctima de saqueos, humillaciones, y todo tipo de abusos por los soldados aliados.

 

  Por su parte Winston Churchill, podía mostrar uno de los sucesos más siniestros con el bombardeo masivo de una joya del Barroco como la ciudad de Dresde y durante el tramo final de la guerra, con una estimación de 200.000 víctimas civiles. Dresde carecía de industria armamentística que justificase la saña con la que fue bombardeada, por lo que sí se la conocía era por albergar uno de los mayores tesoros artísticos de Alemania, con magníficos edificios barrocos, palacios renacentistas, Iglesia imperial, y diferentes colecciones de porcelanas y pinturas, no en vano a Dresde se la conocía como la “Florencia del Elba”, sin embargo a pesar de que sus habitantes confiaban en que la ciudad no sería bombardeada, a cambio de que no lo fuese Oxford, en febrero de 1945 fue arrasada por los bombarderos ingleses cuando el ejército y la aviación alemana ya no constituía ningún peligro real. 

 

  Del mismo modo, los B-29 de EE.UU arrasaron entre el 9 y 10 de marzo de 1945 la estimación de una cuarta parte de la ciudad de Tokio con la siniestra cifra de 100.000 personas civiles muertas, un número que después sería superado por el lanzamiento de las primeras bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki y con un total de 300.000 víctimas civiles directas e indirectas. 

 

  Otro capítulo conocido fue la masacre de Katyn en 1939 por la NKVD soviética contra 22.000 oficiales, policías, intelectuales y civiles polacos, considerados de ideas contrarias al socialismo marxista, una masacre que la URSS siempre trató de endosar al ejército alemán hasta su extinción. Una gota en un océano de sangre entre los más de 100 millones de asesinados por el comunismo. Y un suceso que ocurrió tras que Stalin invadiera y se repartiera junto a Hitler, el territorio de Polonia y parte del este europeo como los países bálticos y Finlandia, en virtud del acuerdo secreto de Ribbentrop-Molotov entre los socialistas soviéticos y los nacional-socialistas alemanes. De hecho desde 1939 y hasta 1941, año en que Hitler se decida a atacar la URSS, tanto Stalin como la Internacional Comunista colaborarán amistosamente con las autoridades alemanas y les suministrarán todo tipo de materias primas y petróleo al ejército alemán. Hasta el punto en que pueden verse las fotografías entre alemanes y rusos abrazándose al encontrarse en Polonia o constatar la colaboración del Partido Comunista Francés con las tropas alemanas de ocupación hasta el verano de 1941.

 

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Javier Giral Palasí

El historiador y poeta, Javier Giral Palasí, nació en Madrid en 1978. Comparte su pasión por la poesía, con la Historia ofreciendo sus artículos semanales y conferencias por nuestra geografía, además de participar como comentarista de radio y en diferentes movimientos y plataformas ciudadanas contra la manipulación de la historia de España

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