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"Regalame un sueño". Capítulo 6

20 de diciembre de 2016 -
4:20 min.

Mientras me encontraba absorta en mis pensamientos, llamaron a la puerta.

- Adelante – dije.

Tras ella se asomó uno de los chicos de la recepción con un papel en la mano.

- Mire Doctora le traigo la lista de pacientes de hoy. Aunque también le aparecerá en el ordenador, por si acaso nos gusta también tenerla en papel.

-¡Por favor tutéame!...- le pedí sonriendo.- La lista es corta – dije al ver que solo tenía cinco pacientes ese día.

- bueno si… – respondió mesándose el pelo – ya se sabe…Cuando cambian al médico de toda la vida, hay gente que se muestra recelosa y prefiere no venir o esperar un poco hasta hacerlo.

- Lo sé, no te preocupes – dije mirándole.- Gracias Gabriel.

A las diez empezaba mi horario de pasar consulta, así que en ese rato que tenía antes de empezar, acomodé la consulta a mis necesidades y, por qué no, también a mis manías. Quien diga que a la hora del trabajar no tiene ninguna manía, miente.

Yo tenía que tener los bolígrafos siempre a mi izquierda, además de que siempre tenia que haber, dos rojos, dos azules y dos negros.

¿Qué porque tenían que ser asi? No lo sé. Como decía antes, manías.

Los primeros cuatro pacientes  fueron gente joven : una chica con un esguince, una mujer con otitis, un chico con dolor de espalda y un matrimonio que venia a por un par de recetas… la verdad es que me encontré a gusto, para el tiempo que hacía que no ejercía no había sido ,de momento, muy difícil.

Cogí la lista y salí a llamar al siguiente y último paciente del día, Ernesto Guijarro.Miré por encima su historial antes de llamarle. Hombre de avanzada edad, sin ninguna enfermedad crónica y pocas visitas al médico.

 Abrí la puerta de la consulta mirando la lista y dije el nombre en alto. Alcé  la mirada  para ver si el paciente estaba, cuando me encuentré de bruces a un señor mayor acompañado de un chico joven. Y ese chico no era otro que Joel.

- Joder – dijo Joel – no me lo puedo creer – dijo mesándose el pelo.

- Hola Joel – dije sorprendida.

Nos quedamos mirando los dos con una sonrisa ligera en la boca hasta que Ernesto, el paciente , dijo frunciendo el ceño.

- No vamos a pasar o que – con voz ronca y gruñona.

- Si si, perdonadme – dije con las mejillas sonrosadas – pasad pasad.

Me quedé la última y cerré la puerta de la consulta.  No pude evitar fijarme en Joel de espaldas, y eso me provoco todavía más calor. Sabía que tarde o temprano coincidiríamos, ¡pero no me imaginaba que tan pronto!

Me atusé un poco el pelo con rapidez sin que me vieran y rodeé la mesa para sentarme frente a ellos. Entrecrucé las manos apoyándolas sobre la mesa mientras no podía parar de mover la pierna. ¿Se puede saber por qué estaba tan nerviosa? Con los otros pacientes me había encontrado bastante más relajada. Este chico emanaba una energía que me tenía totalmente alterada.  

- Bueno – carraspeé- entiendo que usted es Ernesto ¿verdad?

- si – gruñó – ¡pero donde esta mi medico! Joel esta señora no es mi médico, yo quiero que este mi médico. – refunfuñó.

- a ver abuelo, ella es la doctora que va a sustituir a tu médico. La doctora…

- Prieto – apunté.

- Eso, la doctora Prieto. Y estoy más que convencido de que lo va a hacer fenomenal. Así que tú por eso no te preocupes.

Sonreí ante ese comentario, siempre se agradecía encontrar un aliado en esta nueva aventura.

- Venga abuelo, dile donde te duele – le apremió Joel.

El anciano titubeó, no tenía tan claro que yo fuera a ser su nueva doctora, así que por un momento se respiró tensión en la consulta. Tragué saliva con la mejor de mis sonrisas mientras esperaba pacientemente que el señor decidiera que quería hacer .

- Abuelo – le advirtió Joel.

El abuelo le miró frunciendo todavía más el ceño y Joel le respondió elevando las cejas y haciendo un movimiento de cabeza como indicando que empezara a hablar.

- Me duele aquí – dijo al fin señalándose el brazo, pero con el mismo tono gruñón.

Solté todo el aire que tenia contenido dentro esperando que Ernesto me contara. No había sido fácil, pero tampoco pensaba que fuera a serlo. Tarde o temprano aparecía algún paciente que no aceptara el cambio de facultativo.

Después de tratarle, con alguna que otra dificultad por su actitud, el diagnostico fué una tendinitis que se resolvería con reposo. Le extendí la mano antes de marcharse, y aunque volvió a dudar si dármela o no, una pequeña palmadita en la espalda de Joel, le ayudo a que finalmente me la diera.

Salí a despedirles a la sala de espera y Ernesto se acercó a saludar a otro señor mas o menos de su misma edad que esperaba para entrar en la consulta de enfermería.

 - Muchas gracias Joel.- susurré.

- ¿por qué? – me sonrió.

- por hacerme más fácil mi primer día de trabajo.

- No es nada. Conozco a mi abuelo y se que no es muy fácil de llevar.

- Aun así gracias.

Me miró con las manos en los bolsillos y girando un poco el rostro me dijo:

- ¿te apetece quedar conmigo May?

Se me cortó la respiración. ¿Me estaba pidiendo una cita? Quería quedar conmigo, y estaba más que claro que yo quería quedar con él, pero también me parecía un poco precipitado. Todos mis pensamientos debieron de plasmarse en mi gesto facial porque rápidamente apunto:

- Como amigos, ¿un café? ¿Te apetece?

Bueno, la aclaración mejoraba la situación, “como amigos”, muy bien, me sentía mucho mas cómoda así.

- vale, me parece bien – respondí mientras sentía sudores fríos por la espalda.

Estaba totalmente desentrenada en esto del cortejo. Joel debía pensar que era tonta o algo así, por tardar tanto en responder a algo tan sencillo, pero desde que me separé de mi marido hacia relativamente pocos años no me había sentido preparada para empezar nada con nadie. Había tenido amigos “con derecho a roce”, como dicen, pero nunca había querido dar un paso más y formalizar algo en lo que no creía. Y por otro lado tampoco me parecía justo dar esperanzas a alguien sobre algo que sabía a ciencia cierta, no iba a tener futuro. 

 

 

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