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Recomendación de libros por Humberto Pérez Tomé: Aniversario del Holocausto, ¿holocausto, qué holocausto?

04 de febrero de 2017 -
6:19 min.

El pasado día 27 de enero se celebraba universalmente el “Día Internacional en memoria de las víctimas del Holocausto”. Bien, me parece muy razonable porque lo que sucedió en la Alemania nazi no debe jamás repetirse. Nada, absolutamente nada justifica ese desprecio hacia la raza humana, independientemente del credo, la raza o su sexo.

 

Pero mi suspicacia por ese monopolio de “el holocausto” que se hace sustancial como si en el mundo no hubiera o hubiese habido otros me obliga a escribir sobre ello. Desgraciadamente ha habido más holocaustos, incluso los ha habido más recientes que el propio de los judíos y nadie le ha prestado la atención que se merecía; ni en tiempo real cuando pasaba ni posteriormente; ni se ha escrito tanto sobre ellos, ni se han editado tantos documentales, ni películas, ni novelas, ni testimonios… como sobre el “Holocasuto”.

Parece que en la historia de la humanidad solo han sufrido holocausto los judíos. ¡Ojo, nada que justificar, ni comprender! Lo que está mal hecho, mal hecho está. Pero inundar los medios de comunicación de “holocausto nazi” provocando el olvido de otros más sangrientos y más multitudinarios, me parece una injusticia atroz contra otros seres mal tratados y contra la misma historia

Parece que en la historia de la humanidad solo han sufrido holocausto los judíos. ¡Ojo, nada que justificar, ni comprender! Lo que está mal hecho, mal hecho está. Pero inundar los medios de comunicación de “holocausto nazi” provocando el olvido de otros más sangrientos y más multitudinarios, me parece una injusticia atroz contra otros seres mal tratados y contra la misma historia. Anular la historia ahogándola a favor de unos o acallando la de otros, me parece una mala praxis de los historiadores y los medios de comunicación que lo hagan, porque inclinan la balanza hacia un lado y… me da la sensación como de que haya algún interés demasiado particular, o al menos me provocan la sospecha.

Holocausto comunista. Según el diario moscovita Izvestia (30-X-97) en su 80 aniversario de la Revolución de Octubre en San Petersburgo, las dictaduras comunistas mataron a 110 millones de seres humanos. La Unión Soviética, China, Corea del Norte y Cuba, se encargaron de hacer una limpieza de las ideas. En este caso la diferencia estribaba entre los nazis que mataban por “razones” de raza, y otros que lo hacían por motivos de clase o no pensar igual que ellos. Fue Stalin quien dijo la siguiente lindeza: “las ideas son más poderosas que las armas. Nosotros no dejamos que nuestros enemigos tengan armas, ¿por qué dejaríamos que tuvieran ideas?”. Solo una bestia así podría ejecutar y mandar ejecutar a tantas personas. Antes Lenin también azuzaba de la siguiente forma: “La revolución discurre muy lenta. Se fusila demasiado poco”.

No me extenderé más en este holocausto, solo daré algunas cifras para hacer “justicia” sobre muertos y dirigentes de países matarifes: 62 millones de soviéticos (40 millones fueron previamente internados en gulags o campos de concentración). China, donde de 1949 a 1967 fueron exterminadas 21 millones de personas; Camboya (2,4 millones), Yugoslavia (un millón), Etiopía (725.000) y Rumania (435.000). Es curioso, de Cuba no hay cifras… ¡Ahí lo dejo! ¿Quién desmiente a las nuevas generaciones que llevan orgullosas al Ché en sus camisetas, luciendo la imagen de un gran asesino? ¿Cuántas películas hay dedicadas a los holocaustos de los comunistas soviéticos, chinos…? Precisamente este año celebramos el primer centenario de la revolución Rusa y seguro, volveré sobre ella.

Holocausto Armenio. Sí, el pueblo armenio fue perseguido, masacrado, expulsado, robado y casi anulado de la faz de la tierra. Todo comenzó con el sultán Abdul Hamid (1876-1909). Son masacrados aproximadamente 300.000 armenios, luego pierde el poder el sultán Hamid y el poder pasa a manos de los Jóvenes Turcos. Fanatizados en un alzamiento nacionalista deciden que el territorio armenio es turco y convierten la persecución de este pueblo en una caza del hombre que comienza con la expulsión de todos.

En 1915 fueron detenidos y deportados a Anatolia, para posteriormente ser asesinados unos 650 dirigentes armenios de Constantinopla y la deportación de la población civil, desde las zonas de guerra en el Cáucaso, hacia los centros de reinstalación, en los desiertos de Siria y Mesopotamia. Comienza la limpieza étnica decretando que todos los hombres armenios mayores de 15 años sean ejecutados, los niños menores, mujeres y viejos se convierten en un pueblo abocado a morir. 2.100.000 hombres mueren en fosas comunes decapitados, mutilados y fusilados por el simple hecho de ser armenios, para señas, cristianos. Otros muchos huyen hacia Europa y Siria. Desde allí reclaman el reconocimiento del pueblo Turco de su atentado a la sociedad, que ni lo reconocen ellos ni la opinión internacional. Y lo peor: las instituciones y medios de comunicación internacionales callan. Nadie sabe nada.

Holocausto africano. África, una tierra tan hermosa como castigada por los países ricos, explotada en sus tierras, sus riquezas, sus hombres y mujeres. Pero no hace falta irse siglos atrás, casi ni décadas. Hablo de Ruanda, cuando la herencia de odio asemillada por los blancos, dejan un reguero de odio y perdición con sus verdaderos habitantes. Los hutus y los tutsis, dos tribus rivales que se enzarzaron entre ellos y dejaron entre unos y otros 1 millón de personas muertas por medio de las matanzas más crueles y sangrientas de la era pos moderna. Un doble magnicidio que el mundo se desentendió hasta que ya era inevitable y las fotos llegaban a los periódicos y todos se espantaban de ver aquello. Pero mientras Ruanda era colonia Belga, ellos, los señores blancos, utilizaron esas rivalidades para sacar beneficio propio. Cuando se fueron dejando un país pequeño, pobre y esquilmado, el caldo de cultivo del odio estaba servido. ¿Quién celebra el fin de aquella matanza? ¿Quién les cuenta a las jóvenes generaciones que eso no debe repetirse?

Holocausto del aborto. Mientras nos espantamos de las cámaras de gas, las fosas comunes, los cuerpos esqueléticos movidos por palas excavadoras, los cuerpos mutilados, las mujeres violadas y los cadáveres de niños enfilados al pie de la tumba, la sociedad hoy, esa que llamamos pomposamente del primer mundo, luce abortorios en las calles con modernos carteles de neón y lucrativas subvenciones desde los poderes públicos. Se respaldan con leyes democráticas consensuadas en los hemiciclos de medio mundo como si la verdad no existiera, solo el deseo.

Mientras, la historia nos mira desde sus tumbas, las mujeres exigen el derecho de poder matar en el vientre a sus hijos y políticos feministas y homosexualistas lo hacen convencidos de ser grandes hombres (y mujeres) de Estado. Un argumento, el de los políticos progresistas, que justifican también hace inocente a Hitler, pues sus delitos fueron alcanzados democráticamente.

Tampoco Stalin ni Mao son culpables de sus asesinatos en masa, porque no hicieron más que dar sentido pleno a la revolución que los trabajadores pedían a gritos con la hoz y el martillo en alto. Vendrán tiempos futuros y nos avergonzaremos de lo que pasaba en nuestras modernas calles, como ahora se avergüenzan los alemanes de sus antepasados, los rusos de sus abuelos y los chinos de su revolución roja.

XX un siglo tempestuoso (La esfera de los libros), de Álvaro Lozano. El autor hace un recorrido por el siglo XX que dejan una pista suficiente para que el lector pueda sacar un juicio crítico y un análisis suficiente como para valorar qué fue de este siglo y el coste en vidas humanas. También hace un fiel reflejo de los personajes más señeros de estos cien años y la relevancia que tuvieron actuando y por lo tanto influyendo en la sociedad y la conciencia social. No todos fueron malos, también hay nombres y hechos muy importantes que hicieron que el  mundo no fuera peor. El trabajo de Lozano es valioso, porque ajusta la convulsa historia del siglo XX en apenas 624 páginas. Una edición cuidada en tapa dura que merece la pena un hueco en la estantería de casa.

Eugenesia y eutanasia (Sekotia), de Guillermo Buhigas. El finado autor recoge en este libro de corte enciclopédico por la estructura de la obra un resumen de la historia de la eugenesia. Dando razones del momento en el que los progenitores eran propietarios de la vida de los hijos, según el derecho romano, hasta los dos años, hasta la eutanasia moderna y todos los actores que promueven esta forma de liquidar a la sociedad “inútil” por su falta de “producción”.

También trata a fondo la figura de Darwin y sus teorías evolucionistas, totalmente desfasadas hoy día pero que los ecologistas-evolucionistas siguen defendiendo como un referente que todo lo justifica. Profundiza en las tesis maltusianas que, incluso demostrado científica y económicamente a día de hoy, se las sigue haciendo la ola en foros cientifistas e interesados políticamente. Muy bien documentado gráficamente y con referencias a pie de página, merece la pena leerlo y/o consultarlo.

Cartas a Stalin (VeintiseteLetras), de Evgueni Zamiatin / Mijail Afanásiev Bulgákov. Posiblemente sea el libro que ningún comunista ni socialista radical (en auge) leería jamás. Esta obra es un estupendo reflejo de cómo el buenazo de Stalin trabajaba con la esperanza y la fe humanas, sujetando y soltando a los que dependían de su caprichosa voluntad, como fue con el escritor y dramaturgo Mijail Bulgákov (1891-1940) que no dejaba de animarle a escribir pero que no permitía que luego sus obras de teatro fueran interpretadas o sus novelas publicadas. El libro recoge las cartas con las que suplicaba al dictador revolucionario

Humberto Pérez-Tomé Román

@hptr2013

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