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Descubre La Gran Cañada en El Berrueco

06 de septiembre de 2016 -
5:43 min.

Articulo publicado por Captura_de_pantalla_2016-09-04_a_las_18.58.08Para EL METRÓPOLI

 

El auge del gusto a la naturaleza aire libre y los deportes al aire libre son cada vez mayores. Hasta el punto de que han convertido a las montañas en recurrente palestra donde se acercan cada vez más gentes. Buscan idílicos escenarios, poner a prueba sus cuerpos o, sencillamente, darse un paseo. Si encima se trata de espacios protegidos y sobradamente publicitados como el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, es lógico que los fines de semana y días festivos se produzca overbooking. La Pedriza es el paradigma de esta tendencia.

Hace un siglo, el roquedo solo conocía la melodía de los pífanos de cabreros y pastores en las majadas, y las trifulcas del par de pandillas de bandoleros que se escondían en sus corrales y cobijos. Hoy son multitudes las que toman al asalto Canto Cochino y El Tranco, o esperan durante horas dentro de sus coches en la entrada de La Pedriza bajo un sol de justicia, a que salga otro vehículo, con tal de no andar los tres kilómetros escasos que les separan del aparcamiento junto al Manzanares.

 

Año tras año se reduce el cupo de acceso. No parece suficiente. Hasta que no se prohiba del todo y se establezca un efectivo transporte en autobús desde la entrada, no se terminará el problema. El problema se venía venir, sobre todo desde que el anterior equipo gestor del medio ambiente madrileño señaló su interés en convertir la sierra en el 'parque nacional más visitado de España'. Y para ello, hizo todo lo que pudo. Incluso permitir una insensata competición de bicicletas en el Hueco de San Blas, uno de los rincones mejor conservados de la cordillera.

El cambio en la Consejería de Medio Ambiente parece que está cambiando las cosas. Y aunque se ha desterrado aquella perniciosa política, continúa con zonas en sombra. Prohibir el baño en La Pedriza es buen ejemplo de ellas. Prohibir como solución, sin más, mientras que en las alturas del roquedo, los bosques mueren por una gestión penosa de décadas.

Los rescoldos del tremendo incendio de La Palma todavía calientes, hacen pensar que ese incendio que, no debe olvidarse, originado por un excursionista, puede ocurrir aquí mismo. El estado de los bosques de La Pedriza -y de la sierra del Guadarrama entera, salvo contadas excepciones- son un auténtico polvorín, en el que cualquier excursionista que tenga que atender sus necesidades fisiológicas en el monte, puede causar un desastre de idénticas dimensiones al de la isla canaria. Pónganse las pilas por tanto los responsables del parque nacional en asear sus forestas.

En la Pedriza se están empezando a gestionar, hay que reconocerlo, pero se necesita mucho más brío en la tarea. Sobre todo cuando se compara con prohibiciones tan poco consensuadas como la prohibición de bañarse en las charcas pedriceras. Prohibición que el paso del tiempo y de gestores de su naturaleza, no tardará en convertir en papel mojado.

Ruta por los márgenes pedriceros

La ruta que hoy proponemos no quiere saber nada de estas cosas. Marcha por la periferia pedricera, lejos de multitudes y ordenanzas, solo pendiente de seguir los pasos de aquellos cabreros y pastores que hace solo cien años, eran los únicos que mandaban en estos parajes.

La Gran Cañada es ese enorme escalón donde reposa la pendiente de la Pedriza Anterior en la mitad de su escalada desde Manzanares hasta el Yelmo. Auténtica autopista ganadera, es una hermosa 'calle' ancha y tendida que discurre dirección Este-Oeste. Aquí estaba una de las principales majadas pedriceras, donde siempre encontraban los rebaños agua y comida por muy duro que fuera el verano.

La travesía de hoy nos lleva desde El Berrueco a Canto Cochino, a través de esta cañada serrana. Travesía esforzada por la pendiente que debe superarse, pero agradable por los hermosos rincones que visita. Por lo general bastante solitarios, excepto el cruce con el camino que sube desde El Tranco a las praderas del Yelmo.

 

El paso del arroyo de Santillana. Foto: Marga Estebaranz.

 

Arranca la caminata en El Berrueco, histórico canto situado al pie de las estribaciones orientales de La Pedriza anterior, que recientemente ha sido incluido de manera incomprensible dentro de una finca particular. A su lado se toma la pista que dirección Oeste, marcha decidida hacia el macizo pedricero.

La primera referencia es el arroyo de Santillana. Continúa la pista en la otra orilla con un par de curvas que la dirigen hacia una depresión orientada hacia el Oeste. El paso del arroyo del Recuenco, a unos dos kilómeteros del inicio, es la línea que señala el inicio de la cuesta más esforzada de toda la marcha.

El camino, señalizado con marcas de pinturas y también hitos de piedra. Encuentra paso fácil entre la maraña de jaras y berruecos. Muestra sucesivos escalones, donde el piso descarnado y terroso se hace en ocasiones escurridizo. La cuesta se empina a medida que se asciende la ladera. En la parte alta la vegetación se hace más escasa y aumenta el roquedo.

Con tendencia a la derecha pasar bajo un grupo de bloques de granito, hasta que finalmente se emboca en un estrecho collado. Descender por la suave vertiente opuesta, dirección Suroeste. Se pasa bajo la maciza Peñas Cagás, arriba a la derecha, con sus inconfundibles manchas blancas resbalando por su cara sur, deyecciones de los buitres que aquí anidan y culpables de su nombre.

Collado de la Pedriza

Por el centro de una larga depresión el camino desciende, luego tras una breve subida, se cruza otro portacho. El siguiente descenso concluye en una amplia pradera, cruzada por un riachuelo que ha abierto una profunda zanja en su centro. Como los anteriores arroyos, a finales del verano puede secarse. Por aquí pasa la Senda Maeso que, a la izquierda cruza el laberinto de rocas y alcanza el pie del Yelmo. Cruzar el arroyo y continuar en el otro lado la misma dirección.

Por un remoto vallejo, el camino asciende paralelo a un regato también estacional, hasta el collado de La Pedriza. Marcado con una pequeña cerca de piedras, es el punto más alto de la Gran Cañada: 1.330 metros. En el otro lado, esta amplia vía pecuaria montañera se ensancha, justificando su nombre.

Suave bajada que lleva hasta el borde del enorme escalón horizontal que ocupa esta vía pecuaria. Aquí cruza el importante camino que sube desde El Tranco al Yelmo por el collado de la Encina.

Seguir de frente para elegir el camino de en medio que, en la misma dirección que traemos, inicia la bajada por la cuesta tendida con que concluye en esta parte el roquedo. Sin hacer caso a ninguno de los senderos secundarios que se abren a ambos lados, continuar la bajada, que se hace más abrupta y descarnada.

Dejar a la derecha las pulidas placas del risco de La Tortuga, y algo más abajo, la senda concluye en el camino entre El Tranco, a la izquierda, y la pradera de los Lobos. Enfrente está el puente de madera que cruza el arroyo de la Dehesilla y, a la derecha, lleva a la entrada de la Casa de Oficios, donde otro puente tendido sobre el Manzanares permite concluir la ruta en Canto Cochino.

Ficha

Tiempo. Entre 2.30 y 3.00 horas.

Longitud. 8 kilómetros.

Desnivel positivo. 450 metros (El Berrueco, 980 metros, collado Gran Cañada 1.345 metros).

Recorrido. Ruta lineal.

Dificultad. Media. Esfuerzo alto por la fuerte pendiente que sube desde El Berrueco. El fácil equivocar el camino en alguno de los númerosos cruces. Algunos tramos tanto de subida como de bajada, presentan el suelo terroso descarnado, por lo que existe el riesgo de resbalar.

Material. Botas de marcha, bastones, ropa de abrigo y protección solar.

Recomendaciones. Hay que contar con dos vehículos si no se quiere hacer el camino ida y vuelta. Empezar la marcha temprano y llevar agua abundante.

Situación. La Pedriza del Manzanares. Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. Madrid.

Cómo llegar. Desde Madrid, por M-608 hasta Colmenar Viejo, seguir por M-609, dirección Soto del Real. En el kilómetro 3 desviarse por M-608, dirección Manzanares el Real. Luego M-862 y rotonda. Continuar por M-608 a Manzanares, hasta el kilómetro 20.6, antes de llegar al pueblo, donde se inicia una pista de tierra a la derecha.

Distancia. 54 kilómetros desde Madrid.

Accesos. Seguir la pista que arranca dirección norte en el kilómetro 20,6 de la M-608 durante 2.2 kilómetros, hasta el inconfundible Canto de El Berrueco, a mano izquierda dentro de una finca particular. Seguir 300 metros hasta el cruce a la derecha, junto al que se deja el vehículo.

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