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Herbario de Orquídeas Silvestres (Prádena del Rincón)

09 de junio de 2017 -
4:03 min.

Para los amantes de la naturaleza, en concreto de las orquídeas, este mes puedes observar todo el esplendor de las flores y la belleza de estas orquídeas silvestres, las cuales encontrarás en buena aparte del término municipal de Prádena del Rincón, además de otras gran variedades de flora diversa y de un gran valor, por sus propiedades y características.
Herbario de Orquídeas Silvestres
Publicación: NATIONAL GEOGRAPHIC
"Vive y disfruta la naturaleza, ella te dará más de lo que tú la puedas aportar, por lo tanto respétala"

Las orquídeas

Parecen exóticas flores llegadas de lejanos paraísos tropicales, pero en realidad crecen en nuestras montañas, bosques y pastizales.

Objeto del deseo de muchos horticultores, coleccionistas y amantes de las flores en general, las orquídeas han estado siempre asociadas a la belleza y el misterio. Veneradas por los mayas y los aztecas en la América precolombina y por los chinos desde la antigüedad, también los europeos se han sentido cautivados por esta curiosa familia de plantas pariente de los espárragos. En el siglo XVIII eran un claro símbolo de estatus en el Viejo Continente, por lo que muchos recolectores, franceses y británicos en su mayoría, escudriñaron los bosques del continente americano –en las áreas tropicales y subtropicales es donde existe mayor variedad– en busca de las orquídeas más extrañas y desconocidas. La palabra procede de la voz griega orchis, que significa testículo. El nombre se lo puso el botánico griego Teofrasto en el siglo III a.C. Discípulo de Aristóteles y autor del tratado Sobre las causas de las plantas, el sabio las bautizó así tras observar la forma elipsoidal de los pares de tubérculos que muchas orquídeas terrestres presentan en su parte subterránea.

 

Se encuentran en todo el planeta excepto en las regiones polares y desérticas. Existen 25.000 especies de orquídeas, sin contar con las miles más que han surgido a través de la hibridación y selección de cultivo de variedades, realizada por una pléyade de horticultores en todo el mundo. Según Eric Hansen, autor de Orchid Fever: A Horticultural Tale of Love, Lust, and Lunacy («Fiebre de Orquídeas: un cuento hortícola de amor, deseo y locura»), las orquídeas son causa de una adicción que raya en la locura. Se estima que unos 45 millones de personas en todo el planeta se dedican a cultivarlas, y su comercio ilegal no es un tema menor. Tras entrevistar a un montón de personas abducidas por lo que él denomina una auténtica «locura botánica», Hansen llega a afirmar con ironía: «No quiero dar la impresión de que entre las personas que se sienten atraídas por las orquídeas no existan individuos perfectamente normales, sanos, inteligentes y equilibrados. Me han dicho que existen. Pero no he tenido la suerte de encontrarlos».
La «orquideomanía» no es solo fruto de la extraordinaria variedad de colores, formas y tamaños de estas plantas tan diversas. Es su modus vivendi lo que a muchos fascina. Viven en estrecha comunión con animales y hongos porque sin ellos no lograrían sobrevivir. Sus semillas, extremadamente simples y carentes de tejido nutritivo, precisan de un agente exterior que les suministre los nutrientes necesarios para germinar, ya que no podrían hacerlo con sus propios recursos. Por ello establecen una relación de simbiosis con ciertos hongos, que hacen esa labor a cambio de algunas vitaminas. Luego, cuando la planta es adulta, requiere la colaboración de determinados animales para proliferar. «Las orquídeas suelen reunir su polen formando dos masas compactas más o menos pegajosas que la acción del viento no puede dispersar, por lo que necesitan la cooperación de animales polinizadores, en general insectos, como lepidópteros, moscas, abejas o avispas, y ciertas aves, como los colibríes, que extraen el polen del interior de la orquídea y lo transportan a otra flor», explica el biólogo Pablo Galán, profesor de botánica en la Universidad Politécnica de Madrid y coautor junto con Roberto Gamarra de la página web orquideasibericas.info. Muchas orquídeas premian a sus polinizadores con sus fragancias, su polen y su néctar. Otras especies, más sibilinas, emanan un hedor repulsivo similar al de la carne podrida para atraer a las moscas, e incluso las hay que mimetizan la forma y el olor de las hembras de algunos insectos y consiguen así que los machos las polinicen cuando intentan copular con ellas. ¿No es asombroso?


En la península Ibérica existen cerca de 100 especies de orquídeas distribuidas en 26 géneros. Son todas terrestres, a diferencia de las tropicales, que suelen ser epífitas (viven sobre los árboles) o trepadoras.
Todas las que presentamos en este reportaje son oriundas de nuestro territorio y han sido retratadas por los fotógrafos Alberto Sobrino y Jorge Francisco Garrido, quienes, con ayuda del naturalista Francisco Barber Baldó, han fotografiado in situ algunas de nuestras especies más representativas. El trabajo se enmarca dentro de un proyecto que persigue inventariar todas las orquídeas de la Península y Baleares.
«Como todas las especies de orquídeas ibéricas están protegidas, hemos fotografiado los ejemplares vivos en su hábitat. Para homogeneizar la estética de las imágenes, las hemos retratado con un fondo blanco retroiluminado y sobreexpuesto con ayuda de flashes», dice Sobrino.
La principal amenaza de las orquídeas ibéricas es la pérdida de hábitat, «en especial para las que viven en la franja costera, pues están sometidas a una presión muy grave a consecuencia de la urbanización y la alta densidad de población humana. En el caso de las especies cuyas poblaciones se hallan en esta zona, el riesgo de desaparecer es muy elevado», explica Carlos Aedo, investigador del Real Jardín Botánico de Madrid, adscrito al CSIC. Las distintas especies pueden tener necesidades muy dispares. «Mientras que unas crecen de forma restringida y solo en hábitats muy bien conservados, otras pueden prosperar sin problemas entre los matorrales», añade Aedo. Aunque no hay duda de que muchas especies están en peligro, como familia botánica sigue siendo una de las más diversas del planeta. Sus proezas evolutivas, destinadas a camelarse a un montón de seres vivientes para que trabajen en pro de su propagación, dejaron boquiabierto al mismísimo Darwin y siguen asombrándonos hoy. Su éxito es tan notable como su poder de seducción. 

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