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Matar al lobo es enterrar el futuro de una especie y la supervivencia de todo un ecosistema

03 de septiembre de 2017 -
5:53 min.
 La loba Dakota, en el Centro del Lobo Ibérico de Castilla y León (Zamora). :: EL NORTE
La loba Dakota, en el Centro del Lobo Ibérico de Castilla y León (Zamora). :: EL NORTE

Artículo de ADRIÁN ROMAIRONE DUARTE (VETERINARIO)  en El Norte de Castilla el 29 de Agosto del 2017

 

Vuelven a sonar tambores de guerra para el lobo. El toque a rebato tiene un origen conocido: el aumento de las denuncias por ataques, las últimas estimaciones poblacionales de la especie y los incesantes titulares negativos de la prensa.

La mezcla de todo ha dado el impulso necesario para solicitar a la Unión Europea un cambio normativo que autorice matar más lobos al sur del río Duero.

Ceder terreno conquistado o retrotraer derechos adquiridos no parece ser una opción acertada en ningún caso, pero mucho menos si se trata del lobo, luego, defender esta postura es cuanto menos imprudente, sobre todo cuando existen mejores opciones y el necesario debate científico aún no ha comenzado. Cambiar la figura de protección de una especie sin el consenso de todos los sectores implicados en su conservación podría representar una regresión en el estatus poblacional del lobo ibérico a escenarios muy peligrosos, como el que originó la concesión de esa misma figura de protección que hoy se pretende modificar.

Entre aquel pasado de incertidumbre y este presente de improvisación, se debería tener en cuenta la posibilidad que los parentescos entre los grupos actuales pudieran estar creciendo como un cáncer entre las entrañas de cada individuo, erosionando lentamente su capacidad de adaptación, disminuyendo la resistencia a las enfermedades, así como su aptitud reproductiva y esperanza de vida.

La consanguinidad podría estar detrás de un deterioro de salud progresivo en los ejemplares de lobo de Castilla y León, transformando a la sarna, por citar un ejemplo extensamente comprobado en decenas de observaciones a campo, en un modelo de estudio en el cual invertir el dinero del contribuyente preocupado por el medio ambiente. ¿Se trabaja en este extremo para asegurar que esto no ocurre ni ocurrirá en los próximas décadas?

Futuro del medio ambiente

Para quien pueda estar interesado por el futuro del medio ambiente en que vivirán sus hijos, debemos recordar que el lobo ibérico es un animal de interés comunitario, del que solo queda una estimación recurrente de 2000 ejemplares. Una cifra muy peligrosa que podría no garantizar la viabilidad de la especie a largo plazo. La variabilidad genética en los lobos de la península no es un tema baladí.

Su hábitat está siendo fragmentado y empobrecido, sus ejemplares son legalmente controlados y subastados sin distinción de rango en la manada, o ilegalmente envenenados, o accidentalmente atropellados en la carretera, en fin, una gama muy amplia de restar que camina poco a poco a transformarse en una espada de Damocles muy peligrosa que puede acabar con el futuro de este desconocido y misterioso animal.

Vivimos en una época de cambios ambientales impredecibles y desconocidos (calor extremo, sequía, lluvias intensas, inundaciones) , que en términos de conservación pueden pasar de una época de bonanza (tasas de reproducción y supervivencia aceptables para una especie) a un escenario de catástrofe (tasas de reproducción y supervivencia peligrosamente bajas) en períodos muy cortos de tiempo, luego, gestionar en términos irreversibles, es decir, matando, no parece una opción lógica para ninguna especie, y tampoco para el lobo.

El lobo merece ser analizado más allá de la sentencia inapelable del disparo.

Por su valor como especie y por su cercanía al hombre a través del perro, matar al lobo como recurso de gestión suena a solución indolente y servil, como si se tratara de una ofrenda de sumisión a unos dioses ciegos y tiranos, evitando de esa forma, su cólera destructiva. Matar al lobo con el fin de controlar daños previsibles por otras vías confirma un desprecio manifiesto a otras formas de entender la coexistencia con una especie, ignorando una regla esencial de toda sociedad , que debería ser la defensa del bien común, por encima del interés particular. No menos importante en el incierto futuro del lobo es el papel negativo que muchas noticias juegan en su contra.

El tratamiento informativo sobre el lobo no fomenta un criterio que conduzca a la armonía con la especie o que invite a pensar en forma equilibrada. Una noticia puede ser el punto de partida para formar una opinión y el peso de esta depende mucho de la sensibilidad del contenido y la crudeza de las imágenes.

Con la repetición continua de informaciones en una sola dirección, es mucho más probable que la sociedad acepte sin pestañear el ocaso de esta especie. En este contexto de pocos amigos, el encono contra el lobo crece como las llamas. Las dos partes más importantes de esta ecuación, lobos y ganaderos, arden en una hoguera sin fin, avivadas por noticias que no solo transforman a una especie en poco menos que enemiga de toda la sociedad, sino que abocan a un fracaso estrepitoso la supervivencia del lobo y con ello la ancestral cultura del medio rural, incluidos los pastores y sus ovejas.

Por todo esto, y mientras el destino del lobo solo pase a través de la óptica del recurso cinegético, es imposible esperar que prospere cualquier idea en otro sentido que no sea la sentencia lapidaria de «muerto el perro, muerta la rabia». La conservación de todas las especies que garantizan la diversidad biológica no debería ser moneda de cambio ni argumento político válido en la convivencia entre sectores.

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Fanatismo

El escepticismo sano y la diferencia de opiniones, son principios básicos sobre los que se formaron muchos de los códigos que imperan en la convivencia social y en los cimientos de toda cultura, mientras que el rechazo frontal de toda idea por no ser propia, puede conducir a un fanatismo, del que la historia, por desgracia, ha escrito muchos capítulos, con exterminio de culturas, extinción de especies y desaparición de ecosistemas como protagonistas.

Para poder vislumbrar un horizonte de esperanza en esta porfía por el lobo ibérico , se deberían consultar e implementar modelos que funcionan en otros países, sumado a planteamientos generosos de inversión pública que involucren al medio rural en la preservación de este habitante ancestral del ecosistema pastoril castellano - leonés.

En un escenario así, la situación generada entre el lobo y el ganadero no sería irreconciliable, ya que ambas partes verían reconocidas muchas de sus carencias actuales sin la necesidad de seguir matando lobos ni de asistir a la agonía de un sector acosado por las consecuencias de un progreso no siempre equitativo para todos. Matando al lobo se intenta evitar la impredecible (incómoda) expresión de libertad, que como forma de vida, tiene este animal. Debemos aportar ideas y buena voluntad para que la libertad del lobo de acceder a una oveja, sea minimizada con medidas, de las que una sociedad pueda presumir más que sentirse avergonzada. La solución zafia y primitiva de matar al lobo debería ser sustituida por una voluntad de asumir todos los gastos (*) que genera la convivencia con esta especie sumado a un control estricto de la legalidad vigente en materia de protección del lobo ibérico.

Todos los recursos que genera el lobo deberían revertirse a un canon de convivencia con la especie, adjudicando en primer lugar, un valor económico a cargo de la Administración, como responsable solidario, para todos aquellos lobos que mueran por causas directamente relacionadas con el accionar del ser humano (intoxicaciones, furtivismo, atropello, enfermedades), generando con ello un mayor control sobre situaciones que hoy, solo se cargan a espaldas del lobo. Pero la realidad es mucho más violenta y prosaica para el lobo: un tiro a distancia, un cebo envenenado, la caza furtiva, el azote de la sarna, el hambre y el empobrecimiento de su patrimonio genético, son los desafíos a los que se debe enfrentar a diario esta emblemática especie.

Es imposible educar en la tolerancia y el respeto si el propósito último al hablar del lobo es matarlo como única forma de control de sus acciones, siendo éstas, por legado natural , su forma de vida en miles años. Consenso, seguimiento y protección podrían ser sinónimos de intenciones de convivencia, educación y respeto. Matar solo puede asimilarse con intolerancia y poder mal entendido.

Aceptar este modelo de gestión para el lobo, es consentir un futuro basado en la comodidad de una exhibición zoológica con visitas programadas. El lobo ibérico no se merece tamaño despropósito. OPINIÓN ADRIÁN ROMAIRONE DUARTE (VETERINARIO) UN LOBO, 5 CÉNTIMOS * (*) Aproximadamente 900.000 euros es la cifra anual de gastos que genera el conflicto entre el lobo y los ganaderos en toda España, según informaciones publicadas en la prensa. Si esta cifra la dividimos por la población activa en el primer trimestre del 2017 (aprox. 18.000.000 personas), el resultado es de 5 céntimos por persona. La forma de transformar esta cifra en realidad debería tener prioridad ante la recurrente solución de controlar / matar al lobo y con cada cadáver enterrar el futuro de una especie y la supervivencia de todo un ecosistema.

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